| Marcelino Alcalá: entre la timidez y el arrojo
Por Adriana Pantoja
Colaboración / Fundación Nacional para la Cultura Popular

El coreógrafo y bailarín Marcelino Alcalá labora actualmente en “El resuelve”, programa familiar diario que produce Carlos Sacco para el Canal 2 de Telemundo.
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“La inclinación artística puede pulirse con estudios, pero no cabe duda que se nace con ella y uno lo sabe… desde que uno es bebé, aunque no pueda definirlo bien. Mi mamá me cuenta que, cuando ponía música en la casa, yo me iba gateando directo hacia las bocinas”. Y es que, desde pequeño, Marcelino Alcalá supo que estaría dentro del ambiente artístico; quizás no pudo definir de inmediato cuál sería el área a desarrollar, pero estaba muy claro que el arte iba a ser parte de su vida: su profesión.
El problema, según cuenta, era que el baile no estaba considerado como una carrera para esos años. “En la escuela, cuando iba al orientador, él siempre me aconsejaba que estudiara medicina, ingeniería, abogacía; y yo le decía que no, que a mí lo que me gustaba era el arte. Entonces, como ya existía un bachillerato en la Universidad, el orientador apuntaba a que, quizás, podría ganarme la vida si estudiaba teatro; claro está, siempre y cuando incluyera en mis estudios los cursos de pedagogía… ¡para no morirme de hambre!”, recuerda.
Este empuje por parte de su orientador, en vez de desanimar al joven artista, lo estimuló a desarrollarse plenamente en teatro, definiéndose su porvenir como teatrero y como profesor. A través de su carrera, comenzada profesionalmente en 1982, Marcelino ha diseñado vestuario, maquillaje y escenografía, ha dirigido, ha actuado y también ha escrito. Además dibuja, por lo que las artes plásticas entran igualmente en su definición de lo que él es como artista hoy día.
Sin embargo, es el baile lo que siempre lo ha cautivado: al preguntársele sobre su profesión, este artista no duda en definirse como coreógrafo, ya sea comercial, de espectáculos, de televisión o para teatro musical o regular. “Es el baile lo que más me llena, lo que me define como artista. Es como ser un dramaturgo o un director… o las dos cosas juntas. Pero eso no quiere decir que no me guste el teatro: leo mucho y, cuando puedo, voy a ver obras”.
Visión sin límites para el talento -
A la hora de escoger su trabajo preferido como coreógrafo, Marcelino no logra destacar uno en particular. “Me gustan varios porque es difícil escoger”, afirma. “Igual que pasa con un director: si se tiene un buen actor, se disfruta mucho más su trabajo. Lo mismo me pasa a mí: si tengo buenos bailarines, mi trabajo me gusta más. No te voy a negar que también he tenido mis retos; por ejemplo, actores que no tienen todas las destrezas requeridas para el baile. Pero he tenido suerte… y empeño; y al final siempre digo, ‘wow, se logró; y se logró bien”.
Mas lo que no expresa Marcelino es que, tanto como ente creativo que como educador, él no se impone límites, ni tampoco se los impone a los demás. Sean actores, bailarines o estudiantes, este talentoso artista siempre busca y espera lo mejor. “Hay que ser creativo y no trancarse: hay que fluir con lo que se tiene, con lo que tienes frente a ti; y también hay que saber negociar para que el trabajo salga bien. Además, siempre hay que pensar que todo se puede lograr… más tarde o más temprano, pero se puede lograr”.
Como coreógrafo y bailarín, Alcalá ha trabajado con éxito para los hoteles, el teatro y la televisión. No obstante, admite que trabajar para los primeros le ofrece suma comodidad. “Es que, generalmente, es mucho más libre a la hora de crear. Tengo que trabajar un concepto de fantasía, con una duración de 50 minutos, una hora máximo; y, por tanto, la imaginación corre ilimitada. Claro, hay un presupuesto y un tema dado por el cliente, pero la realización de ese tema corre por mi cuenta; ahí está mi creación”. Estas ventajas no están tan presentes en el teatro ni en la televisión, ya que los conceptos y libretos ya están creados cuando llegan a sus manos. “Me tengo que circunscribir a ideas muy fijas y específicas; en esos casos, no tengo la libertad de crear a mi antojo, porque respondo a los conceptos de otras personas que están sobre mí. Claro, eso no restringe mi creatividad, pero si limita un poco mi libertad”.
Aparte de sus proyectos artísticos y educativos, es el área de la producción la que más le atrae en estos momentos. “Ya he producido a lo largo de mi carrera, pero ahora quisiera formalizar algo más sólido. Originalmente, tuve una compañía llamada Tropical Splendors, con la que planificaba hacer teatro, además de espectáculos musicales para hoteles. Y entonces, entre mis estudios, las clases y otros proyectos, la dejé dormir… pero no así los proyectos. Ahora, tengo una nueva compañía, Alcalá Productions, con la cual ya he producido cuatro espectáculos en el Hotel Gran Meliá, de Río Grande (antiguo Hotel Paradisus). Son proyectos que tenía guardados desde 1993 y no fue hasta 2000 que pude lograrlos. Continué pensando en ellos, ya que no existe este tipo de espectáculo de revista musical para turistas. Por eso, en un futuro no muy lejano, me gustaría volver a producir mi revista musical ‘Tropical Splendors’ y establecerlo en el área metropolitana como una fuente fija de empleo para varios artistas, no tan solo bailarines”.
Desde 1993, este coreógrafo, nacido en Washington, DC, y criado en San Juan, Puerto Rico, ha tenido la oportunidad de bailar, coreografiar y producir espectáculos de variedades, tales como el ‘Gladys Núñez’s Revue’, en el Dutch Inn Hotel; ‘Un Nuit a Paris’ y ‘Olé Latino’, en el Condado Beach Hotel; ‘Latin Fiesta’, ‘Oldies’ y ‘C’est Magnifique’, en el Westin Río Mar; ‘Fiesta Borincana’, en el Condado Plaza Hotel & Casino; y ‘That’s Entertainment’, ‘Decades’, ‘Around the world’ y ‘Tropical Splendors’, en el Hotel Gran Meliá (antiguo Hotel Paradisus). Cabe señalar que ‘Olé Latino’, espectáculo en el cual Marcelino fuera coreógrafo y primer bailarín, recibió en el 1994 el Premio Paoli a la Mejor Revista Musical de Club Nocturno (Best Night Club Revue).

Marcelino Alcalá ha incursionado en el teatro musical, zarzuelas, obras infantiles, clásicos de la literatura y revistas musicales.
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Cuando habla del teatro o teatro musical, Marcelino no encuentra mucha diferencia a la hora de explicar cómo se prepara para lograr su trabajo. “No importa para el medio que esté trabajando, siempre me tengo que preparar bien. Tengo que estudiar, que investigar, conocer sobre las épocas, lo que estaba pasando al momento, histórica, política y socialmente. La música y, por ende, los bailes, expresan mucho de lo que se vive en cada época. Es importante para mí conocer la vestimenta, las costumbres, el sentimiento prevaleciente en el momento, a la hora de diseñar una coreografía. Además, es mi deber como artista”.
Inicios en el arte histriónico -
Marcelino recuerda con cariño su primera obra teatral como actor: “La zapatera prodigiosa”, de Federico García Lorca. “Fue en la escuela intermedia, como en octavo grado del Colegio San Antonio de Río Piedras; y la dirigió José Luis ‘Chavito’ Marrero. Yo fui el Alcalde. Lo recuerdo todo con cariño, pero también con cierto grado de traumatismo. Y es que Chavito era muy exigente y buscaba la perfección a toda costa… lo cual no está mal, pero su forma, digamos, pasional de dirigir me ponía muy nervioso. Yo era muy introvertido; quizás por eso me ponía más nervioso de la cuenta. Pero, al final, todo salió muy bien. Y, luego de esta obra, Chavito se convirtió en un padrino para mí”.
Y esta comunicación continuó a través de los años, a pesar que los padres de Marcelino lo cambiaran de escuela. “Yo no tenía muy buenas notas que digamos y mis papás decidieron cambiarme a la escuela pública República de Colombia la cual quedaba justo frente al Colegio”. Contrario a ser un cambio traumático para el joven artista, el mismo fue uno muy provechoso. “¡Allí yo era estudiante de honor! Y no estoy hablando que la escuela pública sea de educación floja; al contrario, era muy buena. Lo que ocurrió conmigo fue que me encontré en un ambiente más libre, menos severo… la presión era más llevadera y eso me ayudó a aprovechar mi tiempo y mis energías. Tanto así, que hice mi tercer y cuarto año en un solo término… ¡Me gradué antes que mis compañeros del San Antonio!”.
Estando en la escuela superior República de Colombia, gracias a la semillita que sembrara anteriormente Chavito Marrero, Marcelino toma clases de teatro y entra en una compañía artística. Es así como conoce a la Dra. Victoria Espinosa, quien más tarde sería su maestra en la Universidad de Puerto Rico (U.P.R.). En esos momentos, la Dra. Espinosa era la directora de Theatrón, compañía para la cual el joven artista también trabajó. “Yo era el ‘nene’ de la compañía. Y de ahí en adelante, me seguí conectando dentro del mundo teatral…” Porque, curiosamente, fue el teatro y la actuación lo que conectó a Marcelino al arte y no el baile, como se podría pensar. “Chavito me decía que siguiera actuando, que no lo dejara. De hecho, recuerdo que me llevaron a conocer a Edmundo Rivera Álvarez porque, en ese momento, las telenovelas estaban en todo su apogeo. Me audicionaron y hasta me aceptaron… pero yo no regresé… me traumaticé de nuevo… ¡Es que era muy, muy tímido!”.
Y, según sus historias, no cabe duda que la timidez fue parte integral en los primeros años de carrera estudiantil de este coreógrafo. “En la escuela, yo montaba los ‘talent shows’, los coreografiaba, pero no quería que se supiera que había sido yo. Siempre era el nombre de mi hermana el que apareciera en los programas. Y como tenemos el mismo apellido, pues no importaba… no me importaba mucho… era como tener un seudónimo. Lo importante era expresar mi arte, aunque no se supiera que era mío. Sé que suena contradictorio, pero en realidad yo era muy tímido.”
Mas la pasión por el arte fue más fuerte que él y Marcelino logró trabajar su timidez, venciéndola poco a poco. Esta pasión y su lucha interna lograron que el artista se inmiscuyera cada vez más en el ámbito teatral. En su resumé como actor, se incluyen obras teatrales como “Ana Kleiber”; “Tiempo para la ira”; “Vejigantes”; “La casa de Bernarda Alba, el musical”; y “Baile por ti”, de su propia autoría. Además, ha participado en obras infantiles, tales como “Pulgarcito”; “El príncipe que todo lo aprendió en los libros”; “El enano saltarín”; “El principito” (en la cual también cantó); y “El gato con botas”, entre otras. Por otra parte, actuó en la obra musical “Annie”; y en la zarzuela “Cecilia Valdés”. Como director, tiene a su haber las obras teatrales “La zapatera prodigiosa” y “Ana Kleiber”; la obra musical “Annie”; el musical infantil “La Caperucita roja”; y la zarzuela “El huésped del sevillano”, entre otras.
Su paso por el teatro musical -
Pero es definitivamente como coreógrafo y bailarín que este artista se ha distinguido dentro del mundo teatral/musical. Obras teatrales tales como “Isabel, la santa del burdel”, “Vejigantes” y “Tulipa”; los musicales infantiles “Pinocho y el milagro de la Navidad”, “El quinto viaje de Colón”, “Pulgarcito”, “El príncipe que todo lo aprendió en los libros”, “El enano saltarín”, “El gato con botas”, “El cumpleaños de Winnie The Pooh”, “La juguetería mágica”, “La caperucita roja” y el famoso “Rockolandia”; las obras musicales “Sor-presas”, “Annie” y “Cabaret”; y las zarzuelas “El conde de Luxemburgo”, “La duquesa del Tabarán”, “Las Leandras”, “La corte del Faraón”, “María la O”, “Cecilia Valdés”, “La viuda alegre”, “Amalia Batista” y “Rosa, la china”... todas han gozado del talento de Marcelino Alcalá, sea como coreógrafo o como bailarín. “Y me he disfrutado cada minuto…”
Mucho de este deleite como coreógrafo y bailarín se lo debe en parte a Leonor Costanzo, quien, además de ser su maestra, lo llamaba constantemente a trabajar en sus proyectos artísticos. “Yo había entrado al Sagrado Corazón, pero como no daban lo que yo quería, me fui a California a estudiar baile. Cuando regresé, comencé a tomar clases con Leonor… y ahí, básicamente, comenzó todo. Ya para esos años de la década de 1980, aparte de la de Leonor, había academias muy buenas como la de Ita Medina y la de Junito Betancourt… Había como un movimiento bien fuerte, especialmente dirigido hacia el jazz, lo cual me entusiasmaba mucho. No obstante, tomé cursos en Ballet de San Juan, además de mantenerme bailando con muchos artistas, nacionales e internacionales; y viajando con ellos a varios países… Pero, poco a poco, también me atrapó la idea de comenzar mi propia escuela de baile”.
Y Marcelino abrió su academia de baile, MarDanS Marcelino Alcalá Dance Studio, ubicada en el Centro Comercial de la 65 de Infantería, en Río Piedras. “Leonor siempre me decía que yo era muy joven para atarme a una academia de baile, que lo mío era bailar y viajar por el mundo. Pero yo quería tener mi propio espacio”. Sin embargo, el artista admite que, en un principio, no vio la parte comercial de este negocio. “Simplemente, yo lo veía como mi estudio de baile, para yo poder hacer mis cosas, pero no como un negocio per se. Entonces, en ese tiempo, no se cobraba mucho por clase; y por otra parte, yo becaba a casi todo el mundo, por lo que no entraban muchos ingresos. ¡En un momento dado, yo me vi en la obligación de bailar mucho para poder pagar la renta del local! Y ya, cuando pasaron cinco años, no pude más: cerré la academia y entregué todo”.
¿Se lamenta Marcelino de ese cierre y de las situaciones difíciles que enmarcaron su inexperiencia comercial? “Para nada, especialmente por los estudiantes becados. Si yo veía que tenían talento, les becaba sin problema alguno. Para mí, era importante que tuvieran lo que yo no tuve. Producto de mi academia lo fue, por ejemplo, John Jon, un muchacho talentosísimo que entró en mi academia a los 15 años. Allí se formó y luego hizo la compañía Bailos… En mi escuela se formaron muchos bailarines que actualmente están trabajando en cruceros y hasta en Las Vegas. Por eso, definitivamente, no me arrepiento de nada. Son experiencias… buenas experiencias al fin y al cabo”.
Tras una puerta que se cierra, se abre otra: luego de la clausura de su escuela de baile y mientras seguía estudiando en la U.P.R. de Río Piedras, se le presenta a Marcelino la oportunidad de enseñar baile en la Compañía Variedades Artísticas de Puerto Rico en 1994. “Me llamaron como maestro sustituto, pero me quedé fijo”, nos comenta alegremente. Creada en 1973, Variedades Artísticas estaba adscrita a la Corporación de las Artes Musicales (C.A.M.), pero en 1988, pasó a ser parte del Conservatorio de Música, al cual fue finalmente anexada en 2003, como parte del currículo de Escuela Preparatoria. Y no importando el cambio, Marcelino ha continuado siendo el profesor de baile del programa… entre otras cosas. “Aparte de profesor, he sido coordinador académico, coordinador artístico, he sido enlace con otras universidades, he preparado propuestas… de todo un poco”.
Su visión sobre la educación -
A través de sus años como profesor de baile, Marcelino ha descubierto en la academia otra pasión. “Me gusta enseñar, pero no por obligación o por imposición, como a veces pasa en las escuelas públicas o privadas, sino porque la gente quiere y desea aprender sobre arte. Curiosamente, a mí no me gustaba mucho la escuela cuando chiquito; sin embargo, he descubierto que la educación es algo hermoso. Afortunadamente, ahora se le está dando más importancia y más énfasis al arte en las escuelas. Ya por fin existen clases de baile, aunque yo diría que falta mucho por desarrollar, que aún está todo en pañales”, comenta Marcelino, refiriéndose al baile como materia a estudiarse.
Nuestro entrevistado lamenta mucho que, en Puerto Rico, los artistas no se entrenen en las tres disciplinas de canto, baile y actuación. “Es una pena, porque es una combinación muy necesaria y muy interesante. Ahora se está trabajando mucho con la integración de estas disciplinas a otras materias, lo cual mejora el método de enseñanza y aprendizaje. Espero que esto se siga fortaleciendo cada día más, en beneficio de todos, porque lo más importante en una sociedad es la educación”.
En cuanto a su trabajo en el medio de la televisión, un medio tan cambiante y hasta considerado inseguro por muchos, Marcelino ha logrado a través de los años trabajos de considerable estabilidad. “Gracias a Dios, yo he trabajado en todos los canales, en diferentes programas. Por ejemplo, trabajé en WIPR por cinco años, desde 1995 hasta 2000, en el programa ‘Voces en función’ que producía Lou Briel. Pero no fue ahí donde empecé: yo comencé en 1980, en el ‘Show de Nydia Caro’, del Canal 2. Luego de trabajar con ella, fue que me fui a estudiar a California y cuando regresé, trabaje por dos años en el ‘Show de Carol Miles’, del Canal 7.” Además, Marcelino trabajó en el especial para televisión “Múltiples Ellas” y en el concurso de “Miss Puerto Rico 1992”, ambos transmitidos por el Canal 2; y para el canal 4, ha trabajado como coreógrafo en programas como “Hello Wapa”, “La gran noche de Hello Wapa” y “Entre nosotras”.
Aunque su experiencia televisiva ha sido en general bastante agradable y satisfactoria, Marcelino apunta que los directores de televisión deberían tener ciertas nociones básicas sobre el baile para que así haya mayor entendimiento entre todos los artistas involucrados. “Si el director no entiende sobre cómo funciona el baile, no va a saber exactamente cómo fotografiarla, cómo hacerla ver como una… poesía. Yo pienso que sería ideal si se pudiese crear un curso para directores de televisión sobre cómo fotografiar coreografías y bailes”. De hecho, Marcelino ha pensado en la posibilidad de tomar cursos técnicos de cinematografía y televisión para poder especializarse en el área de filmación de bailes.
Para entender mejor su ubicación de futuro en el medio televisivo, no se puede perder de vista cómo llegó Marcelino a la televisión, un medio que muchas veces resulta tan inaccesible. “¡Llegué por atrevimiento! Yo era tímido, pero atrevido a la vez. Si bien acreditaba a mi hermana las coreografías que yo hacía en los ‘talent shows’ del Colegio, yo estaba muy claro sobre lo que hacía y lo que debía hacer. Y entonces, un día hice una lista de todos los programas de variedades que existían en ese momento en la televisión y me aventuré a ir a cada uno de ellos para presentar mi trabajo, o sea, mis coreografías del Colegio. Como era de esperarse, siempre me decían ‘Gracias, te llamamos luego’; y yo los iba descartando de la lista poco a poco. Cuando llegué al final, al último programa de la lista, ya yo estaba desanimado; no quería ir. Yo realmente había puesto ese programa como último en la lista porque pensaba que, siendo un programa tan fino, yo tendría la menor de las probabilidades. Recuerdo que una amiga me convenció para que fuera, para que saliera de eso, por fin… Y pues, le hice caso y así comenzó todo.” Ese último programa en la lista era ‘El Show de Nydia Caro’… y Marcelino solo tenía 17 años. “Aún recuerdo lo bien que me recibió y trató Gabriel Suau; él fue muy amable. Era un lunes… y te imaginarás lo sorprendido que quedé cuando, de la nada, Suau me preguntó si podía ir a grabar mi baile ese próximo jueves. ¡Quedé totalmente pasmado!” Pero la cosa no quedó ahí. “A Suau le gustó tanto ese primer baile que me preguntó si le podía llevar otro para la próxima semana… y así seguí por un año… ¡y pagado! Yo te digo, yo lo hubiese hecho de gratis; pero me pagaron desde el primer baile”.

Marcelino Alcalá destaca entre sus profesores en el arte a la doctora Victoria Espinosa, la coreógrafa Leonor Costanzo y el actor y director José Luis “Chavito” Marrero.
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Al principio, Marcelino sólo coreografiaba, pero poco a poco tomó más confianza y comenzó a ser parte activa, como bailarín, en sus propias coreografías. “Pero muchas veces estaba disfrazado. Recuerdo que una vez hice un baile tipo charleston; creo que fue uno de los primeros bailes en los cuales participé bailando. Pero claro, yo estaba totalmente transformado. Me vestí de la época, me coloqué una peluca y me pinté de negro. ¡Yo hacía lo que me gustaba, que era bailar; y nadie podía reconocerme!” Por otra parte, pocos podían creer que ése era el Marcelino tímido que todos conocían. “Mas bien, es la magia que te ofrece el arte, el escenario, el baile, la actuación. Yo no tenía miedo de entrar en el estudio, por ejemplo; por alguna extraña razón, a pesar de mi timidez, no me ponía nervioso cuando tenía que ejecutar un baile o un papel en teatro. Era y aún sigue siendo estar en mi ambiente”.
Es curiosamente con el Canal 2, en donde comenzara en los años 80, que Marcelino ha vuelto a trabajar como coreógrafo y coordinador de piso, esta vez para “El resuelve”, un programa familiar diario, el cual comenzó a producir Carlos Sacco desde octubre de 2008. “Estoy bien contento porque se está abriendo un taller. Como bien dice el nombre del programa: resuelve… no tan solo al público, sino también a los artistas. Por otra parte, me estoy relacionando de nuevo con personas con las cuales había perdido contacto… Es un nuevo ciclo en mi vida, uno que espero dure un buen rato”. Este nuevo programa de juegos es dirigido por Oscar Flores, quien fuera el director de “Hello, Wapa”, programa en el cual también trabajó Marcelino. “Ya nos conocemos y tenemos buena comunicación. El está abierto al diálogo y eso es totalmente favorable para los artistas… en mi caso, para el baile”.
Inquietud ante el futuro -
Una meta a largo plazo para Marcelino es crear talleres para personas en la Tercera Edad. “Creo que se pueden formalizar muchas actividades artísticas con personas ‘seniors’… con ellos y para ellos. Me parece que, aparte de lo artístico, el baile les puede traer muchos beneficios de salud. Y podría ser en teatro, en televisión… hasta un espectáculo para hotel… ¡quién sabe! Ya veremos…”
¿Cuál es la clave del éxito para Marcelino Alcalá? “Ser optimista, estar bien enfocado y conectarse con la energía correcta. Ser dedicado, exigente, estudioso… y crear su propio taller de trabajo, siempre que esto sea posible”. ¿Y la clave del éxito ante un trabajo que no produzca él mismo? “Igualmente… ser optimista, estar enfocado, ser exigente, dedicado… y conectarse a la energía correcta… eso es importante siempre. Además, uno debe prepararse bien y estar en constante comunicación con el director o el productor para estar en la sintonía adecuada”.
¿Y si no hubiese sido artista? “Pues, fíjate, me gusta mucho la línea de cirujano plástico. Me imagino que es porque, de alguna forma, tiene que ver con el arte”, nos comenta entre risas. “También me gusta la arquitectura… pero, si te fijas, me interesa todo lo que es creativo, artístico… y es que no me veo lejos de eso. Cuando uno es artista, nace con eso… lo lleva en la sangre”, concluye.
29/oct/08
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