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   Untitled 1 San Juan, Puerto Rico

Vivian Casañas Cruz:
entre la sicología y el teatro


Vivian Casañas Cruz (aquí en el personaje de Doña Bárbara) divide su energía creativa entre dos mundos: la sicología y la actuación.
(Foto Eric Borcherding)

Son muy pocos los que pueden vivir del teatro como profesión en Puerto Rico. Muchos, aunque talentosos, tienen que buscar profesiones alternas para poder sustentarse. Y aunque las mismas no sean de su entero agrado, los artistas las comparten con lo que consideran es su verdadera pasión. Cierto para algunos… pero no para la Dra. Vivian Casañas Cruz.

“Yo tengo dos profesiones: sicóloga y actriz”. Sicóloga clínica, le corregimos… “No, yo me considero sicóloga alternativa.” Y con estas dos profesiones principales, Vivian comparte dos adicionales: productora de su compañía Teatro Sol y Luna; y profesora universitaria en la Universidad Politécnica, de Hato Rey.

Si tuviera que escoger una profesión entre las cuatro, ella escogería… las dos. Por un lado, la sicología: “Desde pequeñita, siempre he analizado la conducta de la gente. He tratado de entender por qué la gente hace lo que hace; siempre analizando y contestándome las cosas”. Por otro lado, la actuación: “De pequeña, me la pasaba haciendo ‘shows’ privados, mirándome en el espejo de mi cuarto, vendiendo productos…” ¿Vendiendo productos? Bueno, hay quienes cantan con un cepillo o bailan sobre las camas: Vivian Casañas Cruz vendía productos…

Insistimos en que, entre las dos profesiones, escoja una, la que más cerca lleve del corazón… pero Vivian no puede. Y con la sonrisa y la jovialidad que le caracterizan, esta artista, nacida en Ponce y criada en Vega Baja, confiesa que “Soy las dos… Además, es difícil porque yo necesito hacer varias cosas a la vez. No obstante, yo invertiría los roles: haría teatro a tiempo completo y sicología a tiempo parcial. Pero la realidad económica hace que uno tome otras decisiones. Por otra parte, lo de dar clases en la Universidad, pues, me encanta. Es una población joven que tiene metas, que quiere echar hacia adelante, gente que quiere lograr cosas… comencé recién en el 2008 y me encantaría poder seguir ahí por muchos años más: es algo refrescante en mi vida. Y lo de producir… pues, ¡qué remedio!”

Sus primeros pasos en el arte -

Vivian no puede negar que, entre sus dos carreras preferidas, primero llegó la actuación que la sicología. La primera vez que pisó un escenario fue en cuarto año de su escuela superior, Nuestra Señora del Rosario, en Vega Baja, cuando actuó en un fragmento de la obra “La casa de Bernarda Alba”, de Federico García Lorca, para una de sus clases. Y fue durante esa función que Vivian entendió que la actuación realmente le apasionaba. “Hice el personaje de María Josefa, la madre de Bernarda. Dentro de su locura, este personaje dice las verdades que nadie quiere escuchar; es un personaje muy fuerte. En la función, estaba diciendo mi parlamento y, de repente, sentí que me metí tanto en lo que estaba haciendo, llegué tan profundo, que logré transformarme completamente en el personaje, dejando de ser yo. Me sentí diferente, transportada… una profundidad desconocida… En ese momento, descubrí algo dentro de mí que yo no conocía. Por otra parte, yo siempre he sido muy tímida; el sentirme libre, con una soltura increíble frente a toda aquella cancha llena de gente… Ahí supe inmediatamente que debía seguir descubriendo todo lo que el arte y el teatro podían lograr en mí”.

Pero su pasión por “entender el por qué la gente hace lo que hace, el misterio detrás de su conducta”, la atrapó de nuevo. Estudió un bachillerato en sicología en la Universidad de Puerto Rico, sin tiempo para seguir descubriendo el arte. Y no es hasta que está finalizando sus estudios de maestría en sicología en la UPR que Vivian decide darle otra oportunidad a la actuación… “un gusanito que me estaba carcomiendo.” Tomó su primer curso de actuación en el Departamento de Drama de la UPR con el profesor Dean Zayas, quien le ayudó a comprender que la actuación y la sicología eran la mezcla perfecta para cualquier actor o actriz. “Ya no era tan solo entender a la gente a mi alrededor, sino que, como actor, uno tiene que entender a la perfección la sicología de los personajes para poder representarlos. Por eso la actuación y la sicología son integrales”.

Cuando Vivian tomó esta primera clase, no conocía absolutamente nada acerca de la actuación, de la técnica, de cómo prepararse adecuadamente, de lo que conllevaba todo el andamiaje teatral… se dejó llevar sólo por su intuición. Y así fue que, confiando en su intuición, le presentó al profesor Zayas su primer trabajo: un monólogo de la obra “Doña Rosita la solterona”, nuevamente de Federico García Lorca. Y su intuición no le falló… “Dean Zayas me felicitó y yo salí caminando de allí como si estuviera en una nube. El me dijo: ‘Definitivamente, tienes una presencia escénica muy fuerte y buena’. Yo desconocía lo que exactamente refería ese término en teatro, pero eso no impidió que saliera feliz y flotando de esa primera presentación… y con ganas de seguir mejorando cada día más”.

Sin lugar a dudas, el cumplido de Zayas a la incipiente actriz fue trascendental. “Fue algo muy bello para mí. Te digo, yo iba así… en una nube. Pero además de bello, fue bien importante: alguien que sabe mucho me dijo que yo podía hacer esto… Sus palabras me dieron una seguridad enorme… ¡wow! Luego de aquella primera vez en la escuela superior, pasaron muchos años llenos de dudas: no sabía si en realidad estaba capacitada para poder lograr este otro sueño mío, la actuación, aunque me apasionara; me preguntaba constantemente si tenía talento o no. Lo veía tan lejos… y aunque me encantaba y me atraía, era bien lejano a mi realidad”.

Su entrada al mundo de la producción -


En 1998 Vivian Casañas compartió estelares con el actor Jorge Diepa en la obra “Llanto de luna” del dramaturgo puertorriqueño Roberto Ramos-Perea.
(Foto Eric Borcherding)

Pero para este momento, la realidad de Vivian Casañas Cruz estaba en constante cambio. “Seguí con mis clases en Drama y mi Doctorado en Sicología. Pero además, por el 1994, fundé con una amiga una compañía llamada Teatro La Mar, con la cual produje ‘El héroe galopante’, de Nemesio Canales. La llevamos a distintos pueblos de la Isla.” Y así nació su cuarta profesión: Vivian, la productora… ¿y por qué? Sencillo: “Si queremos actuar en teatro, tenemos que tener nuestra propia compañía porque esto no es fácil. Sentarse a que te llamen, sin que nadie te conozca, no es fácil. Yo estaba clara que debía crear mis propias experiencias, mis propias oportunidades. No es que producir me apasione como la actuación, pero si produciendo me aseguro el actuar en una o dos obras al año, pues…”. Definitivamente, las dudas de Vivian acerca de su incursión correcta en el ámbito teatral se habían disipado casi por completo.

Teatro La Mar solo vivió para producir una obra, a pesar que ésta fue presentada en varios lugares de Puerto Rico, incluyendo el Ateneo Puertorriqueño. Y, aparte de brindarle a Vivian una oportunidad para actuar, producir y probarse en el mundo teatral, esta primera experiencia teatral profesional sirvió de perfecta coyuntura para que conociera a José Armando Santos, quien es hasta hoy, junto a ella, productor en su segunda compañía artística, Teatro Sol y Luna. “José Armando también actuó en ‘El héroe galopante’; ahí lo conocí. Cuando se deshace Teatro La Mar, él y yo comenzamos a hablar sobre crear una nueva compañía. Pero antes de eso, ambos fuimos a estudiar al Ateneo Puertorriqueño: Joe Lacomba, quien fue nuestro director para ‘El héroe galopante’, nos dijo que allí había un Taller de Actuación que dirigía el profesor Roberto Ramos-Perea. Y para allá fuimos… De hecho, es Joe Lacomba quien nos ayuda para que presentemos ‘El héroe galopante’ allí”.

En el Ateneo Puertorriqueño, bajo el Taller de Teatro de Actores Jóvenes, Vivian tuvo la oportunidad de actuar en varias producciones, tales como “Fausto”, “Luna negra”, “Voyzek”, “Nuestro padre Drácula”, “La representación”, “Asedio delirante”, “Las viequenses” y “Fe prohibida”, entre otras. También participó en “El sueño del ángel”, presentada igualmente en el Ateneo Puertorriqueño por la Compañía de Teatro Coameño, compañía a la cual perteneció José Armando Santos. Además, Vivian trabajó en la obra “Miles: la otra historia del 98”, de Ramos-Perea, presentada en el Teatro Tapia en el 1998; y en la obra “Romeo and Juliet”, hecha totalmente en inglés por la compañía teatral Dramarama, Inc., presentada en Bellas Artes de Guaynabo en 1999.

Pero su sueño seguía siendo crear nuevamente una compañía propia, siguiendo las mismas razones que la impulsaron a crear a Teatro La Mar en el 1994. “Con mi corta experiencia en teatro, seguía viendo lo difícil que era poder actuar en esta Isla si no perteneces a un grupo, si no te conocen. Además, al crear una compañía, uno puede escoger y hacer las obras que verdaderamente quiere hacer, que le llenen y llamen más la atención. Esa es una ventaja que no tienen la mayoría de los actores. Y digo, si voy a producir, que sea algo que me guste, ¿no?” Y con todo esto en mente, Vivian se acercó nuevamente a José Armando Santos en el 1998 y le propuso formar a Teatro Sol y Luna, compañía que en el 2008 está cumpliendo sus 10 años de existencia. “Yo le dije, ‘no te preocupes, que ya hasta le tengo el nombre a la compañía’; ¡y no tuve que decírselo dos veces!” ¿Por qué el nombre Sol y Luna? “Digamos que es algo muy romántico, muy personal mío. Significa la unión maravillosa entre mi esposo, Arnold Kelly, y yo: él es mi sol y yo, su luna”, nos dice Vivian un tanto sonrojada.

Comienza la cosecha bajo Sol y Luna -

“Llanto de luna”, de Roberto Ramos-Perea, fue la primera obra de Teatro Sol y Luna, presentada en el 1998, primero en la Sala Carlos Marichal del Centro de Bellas Artes de Santurce y luego en el Ateneo Puertorriqueño. Dirigidos por Dean Zayas, participaron en la misma Jorge Dieppa y Vivian Casañas como centros protagónicos, acompañados por Rosabel del Valle y José Armando Santos. “A mí me encanta el drama; por eso escogí esta obra. Yo quería llegar al límite, retarme a mí misma como actriz; y mi personaje (Teresa Landrau) era un vehículo extraordinario para esto: es un personaje muy intenso.” Vivian recuerda que esta pieza tuvo buena crítica y muy buen público, a pesar que Teatro Sol y Luna era una compañía nueva. “Esto es un dato que siempre me ha estado muy curioso, porque aunque Jorge Dieppa ya tenía carrera, la compañía era totalmente desconocida”.

En el 1999, Teatro Sol y Luna realizó su segunda pieza, “Hombres necios”. “José Armando trabajaba en la Biblioteca del Ateneo Puertorriqueño cuando llegaron unos libros que él debía acomodar. Entre estos libros estaba el titulado “La secreta amistad entre Juana y Dorotea”, título original de esta pieza teatral, escrita por el dramaturgo mexicano Guillermo Schmidhuber. A José Armando le llamó mucho la atención el libro; y no pudiendo evitar leerlo, quedó sumamente impactado con el mismo. Tanto fue el impacto que me llamó ipso facto para decirme que teníamos que hacer esta obra… ¡ya!” Vivian, confiando nuevamente en su intuición, le dijo que sí a José Armando, sin siquiera haber leído la obra. Y no se arrepintió: “Hombres necios” tomó forma, presentándose exitosamente tanto en Bellas Artes de Santurce, como en el Ateneo Puertorriqueño.


Vivian Casañas, aquí junto a Ángela Mari, actuó en 1999 en “Hombres necios (La secreta amistad entre Juana y Dorotea”), del dramaturgo mexicano Guillermo Schmidhuber.
(Foto Eric Borcherding)

“La secreta amistad entre Juana y Dorotea” trata sobre la vida de Sor Juana Inés de la Cruz. Al pensar en llevarla a escena, Vivian y José Armando decidieron cambiarle el título a uno más corto y comercial. Y basándose en el poema más conocido y más importante de Sor Juana Inés de la Cruz (y con el permiso del dramaturgo), nació el título final de “Hombres necios”. Bajo la dirección de Ramos-Perea, actuaron José Armando Santos, Willie Denton y Ángela Mari, acompañando a Vivian, quien interpretaba a Sor Juana Inés. “Es un personaje histórico fascinante, de mucho peso. Yo estaba - y aún estoy - hechizada con ella. Estudié mucho, leí mucho… y hasta me rapé la cabeza. Yo quería que mi actuación fuera lo más real posible”. Esta oportunidad significó para Vivian un verdadero reto actoral; y la satisfacción que le generó el haber realizado dicho trabajo, hace que Vivian escoja esta experiencia como la mejor en su carrera. “Hasta el momento, es mi personaje favorito, quizás hasta mi mejor trabajo. Le tuve y aun le tengo mucha admiración a Sor Juana Inés como mujer. Siendo monja, logró tantas cosas en su época… Es increíble…” ¿Volvería a interpretar a este personaje? “Bueno… quizás… pero buscaría otra opción para lo del pelo…”, nos contesta con su habitual sonrisa.

En el año 2000, Teatro Sol y Luna llevó a escena una versión teatral de “Doña Bárbara”, la novela del venezolano Rómulo Gallegos. Esta versión fue escrita y dirigida por Ramos-Perea, contando con Ángela Meyer como actriz principal. Presentándose con especial énfasis al público estudiantil de los niveles superior e intermedio, la compañía logró exitosamente un total de 22 funciones llenas en la Sala René Marqués, del Centro de Bellas Artes de Santurce. “Fue un éxito en términos económicos, pero también fue una experiencia muy bonita de camaradería y trabajo de equipo”. En esa ocasión, Vivian interpretó el papel de Marisela, un personaje muy tierno, víctima del carácter terrible de su madre. “Es un buen papel antagónico, frente a la fuerza enorme que lleva la Bárbara”.

“Gibrán: la ordalía del profeta”, de Ramos-Perea, fue la próxima producción de la compañía, presentada en el Ateneo Puertorriqueño en 2001. Dirigida por el propio autor, esta obra tuvo la participación de Ángela Mari, Vivian Casañas, Willie Denton, José Armando Santos, Evelyn Rosario y Gerardo Ortiz en el papel de Gibrán. “Fue una obra bien difícil y bastante fuerte, por lo complicado del texto, pero se logró con éxito; tuvimos buen público y buena crítica. Es quizás la única pieza no escogida por nosotros, per se. Fue traída a nuestra consideración por el mismo Roberto”.

Una obra al margen de los sucesos del 9/11-

Hasta este momento, todo lo realizado por Teatro Sol y Luna (y por Vivian como actriz) había sido dramático… hasta que, también en 2001, llegó “Dramasutra”, una farsa de Guillermo Schmidhuber, dirigida por Ramos-Perea. “En esta ocasión, yo produje sola, ya que José Armando había decidido tomar un tiempo para terminar sus estudios. Aunque, pensándolo bien, fue una producción conjunta con Willie Denton, quien me había propuesto la obra. Todo fue bastante bien y la crítica fue muy buena; el único problema que tuvimos fue que la obra se realizó muy cerca de los eventos del 11 de septiembre y eso no nos favoreció mucho en términos económicos. Sin embargo, entiendo que pudimos compensar ese aspecto de cierta forma, ya que presentamos la obra en varios lugares: en el Centro de Bellas Artes de Santurce; en el Teatro Arcelay, bajo el Festival del Teatro de Caguas; y en el Teatro Braulio Castillo de Bayamón, bajo el Festival de Comedias. ¡En Bayamón estábamos estrenando teatro y todo!”

Vivian se sentía un tanto ajena a esta pieza teatral, ya que nunca había hecho comedia. “Fue un gran reto, pero uno que, al final, fue muy agradable. Aunque “Dramasutra” era una pieza muy distinta a todo lo que yo estaba acostumbrada a hacer, para mi sorpresa me sentí muy cómoda actuándola. ¡Hay quienes dicen que tengo tabla de comediante! Y lo cierto es que fue una experiencia increíble y me la disfruté completita; de hecho, me quedé con deseos de seguir presentándola”.

Pero entonces, le tocó el turno a Vivian de pausar por un tiempo la producción teatral para terminar sus estudios doctorales en sicología y, también, atender su salud. Y su pausa duró cinco años… “Terminé mi doctorado, obtuve mi licencia y comencé a trabajar como sicóloga en la Escuela Industrial de Mujeres de Vega Alta. Con este trabajo de 8 a 4:30, yo salía bien cansada, sin ganas de pensar en nada más. Y entonces, también comencé a tener problemas de salud. Quizás fue por el mucho trabajo que tuve desde que empecé a hacer teatro, sin parar y sin dejar de estudiar… quizás fue porque precisamente no lo estaba haciendo… no lo sé. Lo que sí sé es que yo canalizaba mis energías en el teatro y, en ese momento, no lo estaba haciendo; y me hacía una falta inmensa.” Fue una compañera de trabajo quien la impulsó nuevamente hacia el teatro. “Yo le contaba mis peripecias pasadas en el teatro y ella me decía ‘¿por qué tú no empiezas otra vez, chica?’. Y yo necesitaba ese empujón, salir de la zona cómoda; y ella me dio mucho ánimo. Los otros días la vi y le di las gracias por eso”.

El regreso de Vivian Casañas a las tablas y de su compañía, Teatro Sol y Luna, al círculo teatral ocurrió en diciembre de 2006, con la obra “Alcanzar un unicornio”, de Guillermo Schmidhuber. “Justo antes de decidirme a volver al teatro, me comuniqué con Guillermo. Me dio cierta nostalgia y necesitaba comunicarme con alguien que pudiese entenderme. Cuando hablamos, hasta me puse a llorar… Guillermo me contó que el pelo que yo me había cortado cuando hice su obra ‘Hombres necios’, estaba en un lugar muy especial: la tumba de Sor Juana Inés de la Cruz, en México. Eso para mí fue… impresionante. De repente, pienso: ‘wow, lo que yo hice, importó, le importó a alguien’. Para mí, eso fue muy significativo, ya que yo me había cortado el pelo en 1999 para poder hacer fielmente el personaje, pero también, como símbolo de solidaridad con ella, por sus luchas como mujer, por sus mensajes, porque era una mujer de avanzada. Saber esta información hizo que yo acabara de despertar; fue como un fosforito, fue la voz interna que me decía: ‘¿qué tú haces aquí sentada?’ Y acto seguido, le pregunté a Guillermo si, por casualidad, tenía alguna obra para yo poder hacer”. Y así fue como ‘Alcanzar un unicornio’ llegó a las manos de Vivian para realizarla en la Sala Carlos Marichal, del Centro de Bellas Artes de Santurce.

Bajo la dirección de Alina Marrero, Vivian volvió a reunirse con antiguos compañeros como José Armando Santos y Rosabel Del Valle. A ellos se les unió Eloy Ortiz, Flor Narváez y el veterano actor Walter Rodríguez. Realizar esta profunda y críptica pieza teatral fue para Vivian como regresar a la vida. “Yo me preguntaba, ‘¿cómo es posible que yo hubiese estado tanto tiempo sin hacer esto… y aún estar viva?’ Realmente, yo había llegado a pensar que jamás volvería a hacer teatro, por lo que regresar a las tablas era como un sueño… ¡otra vez estaba en las nubes! Me sentía mohosa y fuera de forma, estaba muy nerviosa; sin embargo, rápidamente agarré el piso otra vez, con la gran ayuda de Alina Marrero… y de mis compañeros, por supuesto.”

En ‘Alcanzar un unicornio’, Vivian tuvo que enfrentarse no tan solo al regreso a las tablas, sino a cosas nuevas. “Por ejemplo, tenía que hablarle directamente al público. Eso para mí era nuevo y, a la vez, bien fuerte: yo no estaba acostumbrada a eso. Además, no olvidemos que yo soy bastante tímida, por lo que hablarle al público, gritarle al público, me da más temor de lo normal. Alina no lo sabe, pero ella me impuso un reto adicional al de simplemente volver a empezar”. Y entre esas ‘cosas nuevas’, estaban también algunos cambios en términos de producción. “¡Dios mío, tuve que enfrentarme a mil papeles burocráticos adicionales que no figuraban en el ambiente cuando yo producía hacía cinco años! ¡Terrible! Pero nada es imposible… le metimos pecho y todo salió bien.”

El regreso de “Doña Bárbara” -


En la farsa de Guillermo Schmidhuber, “Dramasutra”, Vivian Casañas y Willie Denton fueron dirigidos por Roberto Ramos-Perea.
(Foto Eric Borcherding)

Cuando terminó esta producción, Vivian se quedó con las ganas de producir otra pieza teatral… ahí mismo, de inmediato. Y sin perder tiempo, programó para 2007 la reposición de la obra para estudiantes “Doña Bárbara”. “Cuando la hicimos en el año 2000, además de probar este público y este tipo de obra más didáctica, existía otra razón: lograr un fondo económico que nos permitiera hacer otras piezas menos comerciales. En 2007, la razón fue la misma: estábamos comenzando de nuevo, sin fondos pero con muchas ganas. Y hacer ‘Doña Bárbara’ fue la mejor decisión”.

En octubre de 2007, esta vez bajo la dirección de Joseph Aguayo, Teatro Sol y Luna repuso “Doña Bárbara”, versión de Ramos-Perea, en la Sala Antonio Paoli, del Centro de Bellas Artes de Santurce. Actuaron Carlos Fontané, José Brocco, Rosabel Del Valle, José Armando Santos, Willie Maldonado, Francisco Capó y Luis Javier López, entre otros. Y esta vez, fue Vivian quien tomó el personaje de Doña Bárbara en sus manos. “A pesar de mi retiro, yo entendía que podía lograr dignamente este personaje tan fuerte y difícil. Yo no tenía dudas de mi trabajo como actriz; me sentía más experimentada y más firme, a pesar del ‘moho’. ‘El Unicornio’ me dio esa energía, esa seguridad”. Y la experiencia fue muy gratificante, no tan sólo en términos económicos. “Los estudiantes son el mejor público crítico que se puede tener en el teatro. Para mí, si ‘Hombres necios’ es la obra cumbre de Teatro Sol y Luna, en cuanto a público general, ‘Doña Bárbara’ es la obra cumbre en términos de público estudiantil. Si yo tuve dudas de mi trabajo como actriz o como productora, las mismas se disiparon al enfrentarme a los estudiantes. Ellos mismos me dan la seguridad de que, lo que estoy haciendo, va por buen camino. En esa primera ocasión, en octubre de 2007, yo estaba bien asustada porque, al ser la ‘mala’ de la obra, no sabía si me iban a abuchear al final. Sin embargo, el aplauso fue tan y tan bueno que por poco lloro”. Y con esta satisfacción, “Doña Bárbara” se repuso nuevamente el pasado abril, y ahora, esta semana, volverá a escena en la Sala Antonio Paoli, del Centro de Bellas Artes de Santurce.

La situación económica está difícil para todos en el arte; igualmente, es así para Teatro Sol y Luna. “El Departamento de Educación no tiene dinero, por lo que hemos tenido que recurrir a las escuelas privadas”. Sin embargo, Vivian está muy clara que, a pesar de lograr unos beneficios económicos, es primordial llevar un mensaje educativo claro y hacer una obra de calidad. “Para mí es bien importante que los estudiantes salgan de la obra hablando de ella, que nunca se les olvide. Si logramos eso, hicimos bien nuestro trabajo. Fíjate que conozco a una estudiante que ha visto la obra tres veces… ¡y ya me escribió diciéndome que volverá a verla! Y es que yo entiendo que cuando tú tienes armonía en tu equipo de trabajo, cuando todo el mundo trabaja de corazón, se ve en lo que haces, el público lo ve. Máxime aún cuando las cosas son bien cuidadas, como, por ejemplo, la dirección de Joseph, que ha sido impecable”.

Presente y futuro de una profesional -

Vivian ha trabajado poco para otras compañías aparte de la suya y su trabajo como estudiante en el Ateneo Puertorriqueño. De hecho en 1999, actuó en la obra “Violencia en zona escolar”, que produjo Gerardo Rodríguez. Y desde el pasado año, ha participado en varios proyectos de cine y teatro para la compañía artística Cuarzo Blanco. “En 2007, tuve una participación en el vídeo que se filmara para la obra teatral histórica ‘Vincent’. Era un vídeo de escenas que sería intercalado dentro de la obra en vivo. Verme allí, en escena aunque grabada, fue algo bien raro y bien gracioso. Fue una experiencia de trabajo totalmente enriquecedora… y yo estaba cómoda. ¡Imagínate, actuar sin producir! Por otra parte, me sentía bien segura, ya que la directora de la mencionada pieza teatral (Adriana Pantoja) cuida mucho a sus actores, no importa si tu actuación dura un minuto o una hora”. Claramente, ésta no era exactamente su primera experiencia en el medio fílmico, ya que desde 1993, Vivian había coqueteado con el cine y la televisión: vídeos musicales, comerciales, trabajos gubernamentales, obras de teatro hechas para la televisión… “Pero tengo que admitir que ahora me siento mucho más madura para realizar este tipo de trabajo”.


Rosabel del Valle, Carlos Fontané y Vivian Casañas Cruz actúan en una adaptación del clásico “Doña Bárbara” que a partir del 21 de octubre se presenta en el Centro de Bellas Artes de San Juan.
(Foto Eric Borcherding)

A tono con la excelencia de su labor, este año Cuarzo Blanco reclutó nuevamente a Vivian para trabajar en el musical infantil “Peces al ataque”. La actriz interpretó a Rosie, un pez palometa que quería ser un pez mariposa. Vivian tenía que bailar y cantar, además de actuar, facetas que nunca había realizado juntas en un escenario. “¡Mi primer infantil! Para mí fue tremendo reto lograr este personaje, esta obra. Yo pensaba todo el tiempo: ‘Dios mío, en lo que me he metido; estoy bien loca’; pero a la vez, me aseguraba un ‘yo puedo, yo puedo’. Era bailar, cantar, actuar, mantener un ritmo y una coordinación especiales con los compañeros, manejar un vestuario que me cubría completa, con todo y una boa de plumas… ¡todo a la vez… agh! Pero estaba feliz, muy contenta de ir logrando poco a poco lo que se esperaba de mí”. Por otra parte, esta obra representó su primera vez ante un público diferente: el infantil. “Fue algo bien dulce. Cuando, en algún instante, podías verle la carita a un nene y apreciar cómo estaban ensimismados con la magia de la obra; al final, cuando iban a saludarte con la inocencia del niño que piensa que verdaderamente eres un pez y no un humano haciendo de pez… ¡genial!”.

Y retomando la experiencia fílmica de ‘Vincent’, Vivian ha sido llamada otra vez por Cuarzo Blanco para trabajar en el quinto cortometraje de la compañía, ‘Sin dejar rastro’, cuya filmación se iniciará el próximo diciembre. “Aquí vuelvo a la comedia… y me diversifico. ¡Es que yo quiero hacer de todo!”, nos dice pícaramente la actriz.

Al preguntarle su opinión acerca del teatro en estos momentos, qué es lo que ella entiende le hace falta, Vivian nos habla de apoyo. “Es importante que el teatro sea apoyado por figuras conocidas públicamente. Y no hablo únicamente de personalidades del arte, sino de gente en todos los ámbitos profesionales. Está comprobado que la masa le hace caso a quienes ellos admiran; si estas personalidades apoyan el teatro, el arte, sería mucho más fácil atrapar a la masa. Yo lo veo como una cadena que puede ser efectiva”.

¿Qué hay para Teatro Sol y Luna en el futuro? ¿Qué hay para Vivian Casañas? “Entre los planes futuros para Teatro Sol y Luna está el hacer Shakespeare para escuelas, pero en inglés. Hay muy poca oferta de este tipo; y creo que es conveniente y necesario hacerlo. Por otra parte, para público general, me gustaría nuevamente hacer algo dramático, aunque no tengo nada en mente todavía. Y para Vivian… a largo plazo, quisiera montar mi propia oficina como sicóloga; eso me daría un poco más de libertad en términos de horario. Por eso estoy haciendo actualmente una especialidad como terapista sexual para irme por esa línea. Y claro, ¡por supuesto, voy a seguir actuando!”.


20/oct/08

 

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